MAGDALENA 2011 ROMERIA

El Obispo de Segorbe-Castellón preside las celebraciones de la Romería

El pasado domingo, 19 de marzo, coincidiendo con el Día del Seminario y la Fiesta de San José, comenzaron las fiestas de la Magdalena, con la tradicional Romería de les Canyes. Las celebraciones conmemoran la fundación de Castellón de la Plana en 1252 y, al mismo tiempo, es una vuelta a los orígenes de la fe de la ciudad y sus raíces cristianas, que reencuentra en la ermita del Castell Vell el primer lugar de culto cristiano de la zona, como recuerda D. Josep Miquel Francés, preste de la Romería y licenciado en historia.

El Obispo, Mons. Casimiro López Llorente, presidió la santa Misa en la Ermita a las 13h, así como “las tres Caídas” al regreso de los romeros a la Concatedral a las 18:30h.

Podrás conocer más sobre la historia de la Romería aquí.

2868 LH mar 19 - p.6 Vigilia ANEyANFE

Carta de invitación del Obispo a las 24 horas para el Señor

A TODO EL PUEBLO DE DIOS EN SEGORBE-CASTELLÓN

Queridos hermanos todos en el Señor:

Por cuarto año consecutivo, el Papa Francisco celebrará en Roma “24 horas para Señor”, los días viernes 24 y sábado 25 de marzo. El lema escogido para este año es una cita del Evangelio de Mateo: “Misericordia quiero” (Mt 9,13).

El Santo Padre nos pide unirnos a esta iniciativa y que, durante los días indicados y de acuerdo con nuestras posibilidades y necesidades, abramos nuestros templos de modo que se ofrezca ininterrumpidamente la posibilidad de las Confesiones y de la Adoración Eucarística; la jornada podría concluir con la celebración de la Santa Misa del sábado por la tarde.

Nuestra Diócesis acoge esta hermosa iniciativa, que tanto bien hace a cuantos participan en ella y a nuestra Iglesia. Teniendo en cuenta que en la Ciudad de Castellón de la Plana las fechas arriba indicadas coinciden con las Fiestas de la Magdalena, en nuestra Diócesis lo celebraremos en las fechas siguientes:

– En la Ciudad de Castellón de la Plana, las 24 horas para el Señor serán el viernes 31 de marzo y el sábado 1 de abril, en la Iglesia de la Sangre. Pido a los Sres. Arciprestes de la Ciudad que se encarguen de preparar, coordinar y publicitar esta iniciativa.

– En el resto de la Diócesis, las 24 horas para el Señor se celebrarán en los días fijados en Roma, es decir: el viernes 24 y el sábado 25 de marzo. Sé que hay localidades que ya lo han hecho otros años y que están organizándose para esta nueva edición. Pido a los párrocos y rectores de iglesias que acojan con calor esta iniciativa. Habrá parroquias donde por distintos motivos no será posible su celebración, pero sería bueno informar a los fieles de los lugares cercanos dónde se celebren y animar a su participación. Para las localidades donde haya varias parroquias os propongo celebrarlo en una sola iglesia, animando a todos fieles de las distintas parroquias a su participación. Pido a los Sres. Arciprestes que se encarguen de tratar este tema con los sacerdotes del Arciprestazgo y, en su caso, de coordinar la celebración.

Acojamos con gozo y gratitud esta iniciativa del Papa Francisco. Será un momento de gracia en la llamada de nuestra Iglesia a la conversión personal, comunitaria y pastoral.

Con todo afecto en el Señor, vuestro Obispo

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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Acoger la Misericordia de Dios

 

Queridos diocesanos:

En nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua hemos de convertir o volver nuestra mirada y nuestro corazón a Dios, a su amor y al prójimo. Sólo así podremos descubrir que en nuestra vida hay acciones u omisiones que nos alejan de Dios, de su amor y del amor al prójimo: esto es el pecado. Cuanto más presente está Dios en el corazón de una persona, más sentido tiene para aquello que la aleja de su amor, más conciencia tiene de pecado. Pero también cuando no alejamos de Él por el pecado, Dios nos sigue amando. Como el fuego que, por su propia naturaleza, no puede sino quemar, así Dios no puede dejar de amar. “Porque Dios es amor” (1 Jn 4,8). Un amor, que incluye el perdón. Leer más

2869 LH mar 26 - p7 Plenaria CEE

Mons. Casimiro López Llorente, elegido presidente de Asuntos Jurídicos de la CEE

Durante esta semana se está celebrando en Madrid la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) en la que se renuevan cargos para el próximo trienio 2017-2020. Esta tarde, en el tercer día de Asamblea, se ha elegido a nuestro obispo, Mons. Casimiro López Llorente, como presidente de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, así como los tres miembros del Consejo de Economía y los presidentes de las tres Subcomisiones Episcopales. Según los estatutos, no hay límite de permanencia para estos cargos.

Mons. Casimiro López, en la CEE, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2005 hasta 2008, que fue nombrado Presidente de dicha Comisión. Además, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar desde 2001 y hasta 2005. También formaba parte de la Junta Episcopal de Asuntos JuDSC01623rídicos desde 2002.

17.03

Mons. Casimiro López asiste a la ordenación del Obispo de Osma-Soria

El obispo de nuestra Diócesis, don Casimiro López Llorente, es originario de El Burgo de Osma, en Soria, y por ello con especial cariño quiso acudir el pasado sábado, 11 de marzo, a la ordenación episcopal de Mons. Abilio Martínez Varea, nuevo obispo de Osma-Soria.

La ceremonia tuvo lugar en la S.I. Catedral de El Burgo de Osma a las 11:30h de la mañana y estuvo presidida por el Arzobispo de Burgos, Mons. Fidel Herráez. El lema que Mons. Abilio Martínez Varea ha querido recoger en su lema “Fidelis est qui vocat vos” (1 Ts 5, 24), es decir, “El que os llamó es fiel“, es la certeza de que sólo la fidelidad de Dios puede sostener y hacer fructificar el ministerio episcopal. Leer más

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Hombres de Dios para servir a los hermanos

 

Queridos diocesanos:

El próximo día 19 de marzo, III Domingo de Cuaresma, celebramos el Día del Seminario. Durante estos días, los seminario, los seminaristas, que en ellos se forman, y las vocaciones al sacerdocio estarán de un modo más intenso en el centro de nuestra reflexión, oración y acción pastoral.

El lema de este año reza: “Cerca de Dios y de los hermanos”. Como todo en la vida del sacerdote, también el estar cerca de Dios y cerca de los hermanos, le viene dado por su identificación con Cristo. Como Jesús, único Mediador entre Dios y los hombres, también el sacerdote está llamado a mediador y lugar de encuentro entre Dios y los hombres; y, como Jesús, está llamado a ser hombre plenamente de Dios y, a la vez, plenamente para los hombres. La cercanía a Dios de quien recibe la llamada al sacerdocio es propio de todo sacerdote; se alimenta con la oración y los sacramentos. La cercanía a los hermanos se realiza en la entrega a la propia labor pastoral, en la acogida, la escucha y el acompañamiento de las personas que se le confían, y en la oración y celebración de los sacramentos con la comunidad cristiana; en una palabra: en su servicio a los hermanos y a toda persona que se acerca a él. Estas dos características del sacerdote no se pueden dar por separado. La cercanía a Dios, el encuentro con Él, la intimidad con el mismo Cristo hasta configurarse con Él y tener sus mismos sentimientos, hará al sacerdote cercano a los hombres y mujeres con los que convive; le hará capaz de ser mediador, de ser verdadero sacerdote. Y, del mismo modo, la cercanía a su hermanos, los hombres y mujeres de este mundo, le hará capaz de presentar la realidad concreta en la que vive al mismo Dios en la oración e intimidad con el Señor.

Nuestros seminaristas han de ser formados para ser verdaderamente hombres de Dios según el corazón de Cristo y servidores de los hermanos. Los fieles, los cercanos y los alejados, y los no creyentes son sensibles a la presencia del sacerdote y lo valoran, cuando éste trasparenta a Cristo, cuando es realmente ‘hombre de Dios”. El ministerio sacerdotal no se recibe en provecho propio, sino para el servicio de Cristo, de su Iglesia y de los demás: para que todos los fieles puedan vivir su vocación de ser discípulos misioneros del Señor, y para que todo hombre y mujer puedan encontrarse con Cristo, el Buen Pastor y la Misericordia encarnada de Dios. El sacerdote está llamado a ser siempre un buen pastor: un pastor que ama, cuida y sirve a sus fieles, como lo hace y haría Jesucristo; un pastor que no se cansa de construir la comunidad cristiana como ‘casa y escuela de la comunión’; un pastor que busca y se acerca al que se ha alejado y al que está herido por la vida para curarle con la medicina de la misericordia de Dios. Los sacerdotes son consagrados para estar siempre y de por vida s al servicio de la misión. En el ejercicio del ministerio no se pueden conformar con mantener lo que hay. El Señor les llama a salir a la misión; a acercarse a todas las personas para llevarlas a Cristo; a salir a los ambientes necesitados de evangelización en las propias comunidades, en las familias, en los pueblos y ciudades. El Señor los envía a formar comunidades vivas desde el Señor, comunidades fraternas y evangelizadas, comunidades con conciencia misionera.

No olvidemos que, también en el actual invierno vocacional, Jesús sigue llamando a muchachos y a jóvenes al sacerdocio. Quien experimenta de verdad el amor gratuito y personal de Cristo que llama al sacerdocio, lo acoge con gratitud, se fía de él y entrega su propia vida al servicio del Evangelio y de los hombres. Toda nuestra Iglesia diocesana, -sacerdotes, religiosos y seglares, familias y comunidades cristianas- hemos de implicarnos en la promoción y cuidado de las vocaciones sacerdotales. Son un don de Dios para ser los pastores futuros de nuestras comunidades. Contando siempre con la gracia de Dios, del número y de la calidad de los futuros sacerdotes depende la vitalidad de nuestras comunidades. Cuidemos con esmero a nuestros seminarios, a nuestros seminaristas y las vocaciones al sacerdocio ordenado. Seamos también generosos en la colecta de este día. Nuestra Iglesia y nuestro mundo necesitan sacerdotes que sean hombres de Dios para servir a hermanos.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Estatutos del Consejo Presbiteral Diocesano

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 Estatutos del Consejo Presbiteral Diocesano

CASIMIRO LÓPEZ LLORENTE,

POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA

OBISPO DE SEGORBE-CASTELLÓN

 

Basado en la eclesiología de comunión del Concilio Vaticano II así como en su teología del sacramento del sacramento del Orden, del presbiterio diocesano y de las consecuencias que de todo ello se deriva para la relación entre el Obispo diocesano y los presbíteros, y de éstos entre sí, el Código de Derecho Canónico de 25 de enero de 1983 establece que en cada diócesis ha de constituirse obligatoriamente el Consejo Presbiteral que, en representación del presbiterio y a modo de senado, asista al Obispo en su tarea de enseñar, santificar y regir a la porción del Pueblo de Dios que le ha sido encomendada (cf. c. 495 § 1 CIC). El Consejo Presbiteral ha de contar con sus propios Estatutos, dados por el Obispo diocesano (cf. c. 496 CIC). Leer más

2865 LH feb 26 - p6 Visita Pastoral lAlcora

El Obispo finaliza hoy su Visita Pastoral en l’Alcora

Desde hace más de un mes, el Obispo, don Casimiro López Llorente, está llevando a cabo la Visita Pastoral del Arciprestazgo de Lucena del Cid. A día de hoy, ya ha visitado las parroquias de Cortes, Zucaina, Ludiente, Castillo de Villamalefa, Villahermosa y l’Alcora, el mayor núcleo urbano, que comenzó a visitar el pasado viernes y finaliza hoy. Leer más

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En Cuaresma, oración, ayuno y limosna

Queridos diocesanos:

La Cuaresma es tiempo de gracia y de salvación; es un tiempo fuerte de escucha de la Palabra de Dios, que nos llama a la conversión de mente y corazón a Dios, de reconciliación con Dios y los hermanos, de recurso más frecuente a “las armas de la penitencia cristiana”: la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6, 1-6; 16-18). Estos son los santos medios que nos proponen Jesús y su Iglesia para intensificar la vida del espíritu en este tiempo cuaresmal, como nos recuerda el papa Francisco.

Dios es misericordia. En su Hijo Jesucristo, la misericordia encarnada de Dios, Dios nos espera siempre, sale a nuestro encuentro, se hace cercano a todos los hombres y nos reconcilia consigo, con los demás y con la creación. En la persona de Cristo, Dios no deja de llamarnos e invitarnos a recuperar o intensificar la amistad con Él. Tan sólo tenemos que responder a sus invitaciones y abrirle nuestro corazón, para recuperar nuestra amistad con Dios, ser perdonados, reconciliados y sanados. La oración, el ayuno y la limosna son los  medios que nos llevan a este encuentro salvador con Dios. Ese triple ejercicio nos ayuda a que el paso de Dios por nuestras vidas no sea en vano. Es verdad que la oración, el ayuno y la limosna son acciones bien conocidas por todos nosotros. Pero ¿las hacemos y las hacemos bien?, ¿las hacemos simplemente porque están mandadas?, y ¿sabemos ir más allá del puro formalismo?

La oración es estar con Dios. Como dice Sta. Teresa de Jesús, la oración no es otra cosa “sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”. Y “tratar de amistad” y “tratar a solas” implica buscar estar a solas con Aquél que sabemos nos ama”. Quien está a solas y en silencio con Dios, se deja hablar e interpelar por Él. Dios nos habla de muchas maneras: a través de las personas, de los pobres, de los acontecimientos, pero sobre todo y de modo especial por su Palabra: por su Hijo, Jesús, que es la Palabra encarnada, y por su Palabra escrita, contenida en la Sagrada Escritura que nos llega en la tradición viva de la Iglesia. La oración personal es una práctica vital para nuestra vida espiritual; es como la respiración de nuestra alma. Si nos falta la oración, la muerte de nuestra alma está asegurada. Sería bueno proponernos para esta cuaresma momentos precisos de oración, a poder ser al comienzo de cada jornada, antes de cualquier otra acción, sirviéndose del Evangelio del día. Tonificados por la oración, el día y el trabajo, nuestras relaciones en la familia, en el trabajo o en el ocio serán distintas.

Junto a la oración, el Señor nos propone el ayuno durante todo el tiempo cuaresmal y no sólo en los días establecidos por Iglesia; a saber, el ayuno el miércoles de ceniza y el Viernes santo y la abstinencia de comer carne, todos los viernes de Cuaresma. Hemos de ayunar no sólo de alimentos materiales, sino también de todo aquello que bloquea o dificulta nuestra apertura a Dios y al hermano necesitado y engorda nuestro egoísmo; ayunar de todo aquello que potencia los vicios, las pasiones, las ataduras a las cosas y el egocentrismo. Hemos de ayunar, en definitiva, de todo aquello que mata nuestro amor a Dios y a los hermanos.  Ayunar es autocontrol, negación de sí mismo, ascesis, renuncia a las cosas superfluas, incluso a lo necesario, para que su fruto redunde en ayuda a los más necesitados. En un mundo dominado por el consumo y el afán del dinero, que potencia el endurecimiento del corazón ante tanta pobreza y sufrimiento, necesitamos ayunar. Y hemos de hacerlo para ayudar a los necesitados. El ayuno de los ricos debe convertirse en alimento de los pobres y los pobres en alimento de los ricos.

Junto a la oración y al ayuno, el Señor nos propone el ejercicio de la limosna, que se expresa en las obras de caridad  hacia a los más necesitados de cerca o de lejos Hemos de saber compartir nuestro dinero; pero también nuestro tiempo y nuestra preocupación activa por el bien del otro, Necesitamos aligerar nuestras mochilas para recorrer con presteza el itinerario cuaresmal. Así llegaremos llenos de alegría a la meta de la Pascua.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón