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Más compromiso contra el hambre

Queridos diocesanos:

Cada año, la segunda semana de febrero, nos unimos a Manos Unidas en su campaña anual. El pasado año comenzó un trienio de lucha contra el hambre. Este sigue siendo su objetivo prioritario desde su inicio en 1959, cuando un grupo de mujeres de Acción Católica comenzó la campaña contra el hambre en el mundo: con el hambre de pan, de cultura y de Dios. Aquellas mujeres se unían al manifiesto de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas, que dijeron: “Sabemos, y queremos que se sepa, que existen soluciones de vida, y que, si la conciencia mundial reacciona, dentro de algunas generaciones las fronteras del hambre habrán desaparecido…”. Y concluía diciendo: “Declaramos la guerra al Hambre”. Desde entonces, Manos Unidas  viene escribiendo una rica historia de solidaridad humana y de caridad cristiana con los hambrientos y empobrecidos de la tierra. Año tras año, no cesa de denunciar el drama humano de los más pobres y de tocar nuestras conciencias ante el hambre en el mundo. Leer más

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Testigos de la esperanza y la alegría

Queridos diocesanos:

En la Fiesta de las Candelas, el día 2 de Febrero, iremos gozosos con cirios encendidos al encuentro del Señor, la Luz de los pueblos, que es presentado y consagrado a Dios en el Templo de manos de María y de José. Recordando la consagración de Jesús al Padre celebramos este día la Jornada mundial de la vida consagrada. Junto con toda la Iglesia, este día recordaremos con gratitud a todas las personas consagradas: a los monjes y las monjas de vida contemplativa, a los religiosos y religiosas de vida activa y a todas las personas consagradas que viven en el mundo, y a la vírgenes consagradas: todos ellos se han consagrado a Dios siguiendo las huellas de Cristo obediente, pobre y casto, para ponerse al servicio de la Iglesia y de todos los hombres. Configurados así con Cristo son testigos de la esperanza y de la alegría. Leer más

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Oración y compromiso por la unidad de los Cristianos

 

Queridos diocesanos:

El miércoles pasado, día 18, empezó la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que concluirá el día 25, fiesta de la Conversión de san Pablo apóstol. Esta valiosa iniciativa espiritual implica a las comunidades de todas las Iglesias y comunidades eclesiales desde hace más de cien años. Se trata de un tiempo dedicado a la oración por la unidad de todos los cristianos bautizados, según la voluntad de Cristo: “Que todos sean uno” (Jn 17, 21). Hemos de reconocer que esta Semana ha perdido fuerza entre nosotros, después de años de viva celebración. Quizá nuestras urgencias y preocupaciones sean otras o que las dificultades en el diálogo ecuménico nos hayan desalentado. Pero, la oración y el compromiso por la unidad de los cristianos siguen siendo algo vital, necesario y urgente. Leer más

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Vivir con alegría el bautismo

Queridos diocesanos:

El tiempo de Navidad y de la Epifanía se clausura con la fiesta del Bautismo del Señor, este domingo 8 de enero. En esta fiesta recordamos el Bautismo de Jesús a orillas del río Jordán de manos de Juan Bautista. También Jesús se deja bautizar por Juan y transforma el gesto de este bautismo de penitencia en una solemne manifestación de su divinidad. “Apenas se bautizó Jesús, salió del agua y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo, que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto” (Mt 13, 17). Son las palabras de Dios-Padre que nos muestra a Jesús como su Hijo unigénito, amado y predilecto, al inicio de su vida pública. Además, el Espíritu en forma de paloma descendió sobre el Señor. Su bautismo significó la inauguración y aceptación de la misión y de la voluntad del Padre. Leer más

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Vivir la alegría del amor en la familia

Queridos diocesanos:

En Navidad, Dios, que es amor y comunión de amor, se hace hombre para hacer partícipes al hombre y a la mujer de su misma vida y amor. Y lo hace en el seno de una familia humana, la de Nazaret. Por ello, en el tiempo navideño celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia, este año el día 30 de diciembre. En el silencio del hogar de Nazaret, Jesucristo nos ha enseñado, sin palabras, la dignidad y el valor primordial del matrimonio y la familia. Con su vida y sus palabras, Jesús ha devuelto su verdadero sentido el amor, el matrimonio y la familia. Fiel al Evangelio de Jesús, la Iglesia proclama que la familia se funda, según el plan de Dios, en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, quienes, en su mutua y total entrega en el amor, han de estar responsablemente y siempre abiertos a la vida y a la tarea de educar a sus hijos. Leer más

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La Buena Noticia de la Navidad

Queridos diocesanos:

En Navidad celebramos el nacimiento de Jesús en Belén. Os anuncio una gran alegría… hoy os ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, el Mesías, el Señor” (Lc 2,10-11); este es el anuncio del ángel a los pastores aquella noche fría de Belén. Aquel Niño es el Mesías esperado, el Salvador de la humanidad, el Señor de tierra y cielo. Esta es la Buena Noticia de la Navidad, la razón más profunda de nuestra alegría navideña y el motivo de nuestra esperanza. Como los pastores, los cristianos escuchamos con asombro este anuncio y acudimos con gozo a Belén a contemplar este misterio de salvación: el Hijo de Dios, la Palabra eterna de Dios, se hace carne y acampa entre nosotros. Dios viene hasta nosotros por amor a cada uno de nosotros. Dios se hace uno de los nuestros, asume nuestra propia carne, nuestra propia naturaleza y condición para llevarnos a Él, para hacernos partícipes de su misma vida.

Jesús nace en una familia pobre, pero rica en amor. Nace en un establo, porque para Él no hay lugar en la posada. Es acostado en un pesebre, porque no tiene una cuna. Llega al mundo ignorado de muchos, pero acogido por los humildes pastores. Pero ese Niño frágil, humilde y pobre es el Hijo eterno del Padre-Dios, el Creador del cielo y de la tierra. Ese Niño revela el misterio de Dios: Dios es amor y ama al ser humano. Ese Niño es la revelación definitiva de Dios a los hombres. Jesús dirá más tarde, “el que me ve a mí, ve al Padre”. Ese Niño es el Emmanuel, el “Dios-con-nosotros”, que viene a llenar la tierra de la gracia y del amor de Dios, de luz, de verdad y de  vida. Dios se hace hombre para que, en Él y por medio de Él, todo ser humano pueda quedar sanado, redimido y salvado, pueda renovarse y alcanzar la plenitud, la felicidad plena. A quien lo acoge con fe le da la capacidad de participar de su misma vida divina, le da el poder ser hijo de Dios (cf. Jn 1,12).

  Con la venida de Cristo, la historia humana adquiere una nueva dimensión y profundidad. En este Niño, Dios mismo entra en la historia humana, y la abraza totalmente desde la creación a la parusía. El mundo, la historia y la humanidad recobran su sentido: no estamos sometidos a la fuerzas de un ciego destino o a una evolución sin rumbo. El destino de la humanidad, de cada ser humano, de la misma creación no es otro sino Dios en Cristo Jesús.

En Navidad, Dios mismo se pone a nuestro alcance en el Niño de Belén. Y Jesús no es una ficción, sino un hombre de carne y hueso; no es un mito ni una leyenda piadosa, sino alguien concreto, que provoca nuestra fe. En ese Niño, Dios mismo sale a nuestro encuentro. Dios no es una idea ni un ser lejano, sino Dios con nosotros: Él está en medio de nuestro mundo, inserto en nuestra historia personal y colectiva.

Es una tentación y una tragedia pensar que Dios es el adversario del hombre. El Dios, que se manifiesta en el Niño nacido en Belén, no es un dios celoso del hombre, de su desarrollo, de su progreso o de su  realización. Dios no es una ilusión construida por el hombre con lo mejor de si mismo, que le impida ser él mismo. Dios se hace hombre por amor al hombre, para que éste lo sea en verdad y en plenitud, es decir conforme a su condición de ‘imagen de Dios’. En Jesús, Dios ha hecho suya la causa del hombre. Sólo en Cristo Jesús encuentra el hombre su identidad, su plenitud y la salvación.

En Navidad nace Dios; y lo hace para todos los hombres, también para los hombres de hoy. Este Niño nos trae la salvación, el amor, la alegría y la paz de Dios para todos. El Niño Dios de Belén nos abre a todos el camino hacia Dios, y nos da la posibilidad de alcanzar la suprema aspiración del hombre: ser como Dios.

Navidad es así la proclamación de la dignidad de todo ser humano. Porque el hombre sólo es digno de Dios y de su amor: somos  hechura de Dios, creados por amor y para el amor de Dios sin límites. Este es el fundamento de la verdadera dignidad de todo ser humano.

Acojamos al Niño Dios que nace en Belén. Os deseo a todos una feliz y cristiana Navidad.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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Felicitación al Santo Padre por su 80 cumpleaños

Castellón de la Plana, a 15 de diciembre de 2016

Santo Padre,

 

Reciba un cordial saludo de toda esta Diócesis de Segorbe-Castellón, en España, y de un servidor, así como nuestra más sentida felicitación con motivo de su cumpleaños, el día 17 de diciembre. Nos unimos a Ud. en su acción de gracias a Dios por el regalo de sus ochenta años de vida.

Aún recordamos, Santidad, con profunda alegría la Audiencia del pasado veintiséis de octubre a la que acudimos un pequeño grupo de 21 presbíteros de nuestra Diócesis, en peregrinación a Roma y a Asís, y en la que tuve ocasión de saludarle personalmente. Su cercanía y su llamada a acoger a los inmigrantes como a nuestro prójimo son aliento que nos impulsa a entregarnos con mayor fervor al servicio de todos, en especial de los más pobres y necesitados, sin excluir a nadie, como lo hizo el Señor con nosotros.

Le encomendamos en nuestras plegarias a la Virgen María, Madre de Misericordia. ¡Que ella le proteja como a hijo suyo, le aliente en su tarea pastoral, le defienda en la tentación, le ampare en la tribulación y le consuele en el sufrimiento! Cuente con nuestra oración. ¡Que Dios le siga bendiciendo!  Imploramos también su bendición, Santo Padre.

Con afecto filial,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

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Celebrar cristianamente la Navidad

 

Queridos diocesanos:

Dentro de una semana celebraremos la Navidad. Con frecuencia lamentamos el sesgo que ha tomado la Navidad, marcada por el bienestar material, el consumismo y la indiferencia religiosa. A los cristianos nos duelen los intentos de ocultar su sentido cristiano en tarjetas o adornos, la exclusión de espacios públicos de los símbolos navideños típicamente cristianos, como es el belén, y el intento de suplantar la Navidad por la fiesta del ‘solsticio de invierno”.  

Y, sin darnos cuenta, ese mismo ambiente materialista y pagano va haciendo mella en los cristianos. Y puede que vayamos olvidando lo nuclear de esta fiesta grande y hermosa. En Navidad, no lo olvidemos, celebramos el nacimiento del Hijo de Dios en Belén. En Jesús, Dios se hace hombre, asume nuestra propia naturaleza humana, entra en nuestra historia. Y lo hace por amor a los hombres, por amor a ti y a mí, para llevarnos a la plenitud en Dios. Ese niño débil y pobre, que nace en Belén, es Dios. Ese niño trae la Salvación al mundo, nace para traer alegría y paz a todos. Ese niño, envuelto en pañales y acostado en el pesebre, es Dios que viene a visitarnos para guiar nuestros pasos por el camino de la paz, de la libertad verdadera y de la felicidad plena. Leer más

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La Alegría del Adviento

La alegría del Adviento

Queridos diocesanos

La llamada a la alegría es constante en la sagrada escritura. También el tiempo del Adviento nos invita a vivir con intensidad la alegría, que resalta el tercer Domingo de este tiempo. De hecho, este domingo se llama tradicionalmente “Gaudete” (alegraos) precisamente por el tono gozoso, presente en la Palabra de Dios de la liturgia de este día. Isaías anuncia el retorno del exilio de Babilonia como una gran noticia: Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos. Leer más

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Preparar el camino al Señor

Queridos diocesanos:

En el Adviento se vuelve más apremiante la llamada de la Palabra de Dios a volver nuestra mirada y nuestro corazón a Dios. “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”, clama Juan el Bautista (Mt 3, 2). El Reino de Dios es Cristo mismo. En Él, el Reino de Dios se hace presente aquí y ahora. Al nacer Jesús en Belén, Dios mismo ha entrado en la historia humana de un modo totalmente nuevo, como aquel que actúa y salva al ser humano. El Adviento nos llama de modo especial a la conversión a Dios, a preparar y allanar el camino a Dios que viene a nuestro encuentro en Cristo. Por eso pedimos a Dios que avive en nosotros el deseo de salir al encuentro de Cristo. Leer más