La familia, hogar de la Misericordia. 27 de diciembre

PlumaQueridos diocesanos:

El domingo después de la Navidad celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia y la Jornada por la familia. Porque fue en el seno de una familia, la Familia de Nazaret, donde fue acogido con gozo, nació y creció Jesús, el Hijo de Dios, hecho hombre. La sagrada Familia es un hogar en el que todos viven el designio amoroso de Dios para con cada uno de ellos: José, el de esposo-padre; María, el de esposa-madre, y Jesús, el del Hijo, enviado para salvar a los hombres. La Familia de Nazaret es una escuela de amor recíproco, de acogida y de respeto, de diálogo y de comprensión mutua. “La Sagrada Familia de Nazaret sabe bien qué cosa significa una puerta abierta o cerrada, para quien espera un hijo, para quien no tiene refugio, para quien huye del peligro. Que las familias cristianas hagan del umbral de sus casas un pequeño gran signo de la Puerta de la misericordia y de la acogida de Dios” (Papa Francisco, Audiencia general, 28-11.2015). Leer más

En Navidad Dios muestra si Misericordia. 20 de diciembre

 

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Navidad está a las puertas. Ante los intentos de silenciar o de cambiar su verdadero sentido y ante los peligros de olvidarlo, en Navidad resuenan las palabras del evangelista Lucas. “Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor” (Lc 2,10-11). Con estas palabras, el ángel anuncia a los pastores el nacimiento de  Jesús en Belén. Esta es la buena noticia de la Navidad, la razón más profunda de nuestra alegría navideña y el motivo de nuestra esperanza.         Como los pastores, los creyentes escuchamos con estupor este anuncio y acudimos con gozo a Belén a contemplar este misterio de salvación: el Hijo de Dios se hace carne y acampa entre nosotros. Dios mismo viene hasta nosotros y se hace uno de los nuestros. Leer más

La experiencia de la Misericordia de Dios en la Confesión. 13 de diciembre

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Un momento fundamental del Jubileo de la Misericordia será la experiencia del encuentro personal con la misericordia de Dios. Así lo ha expresado el Papa Francisco en su carta por la que concede la indulgencia plenaria. “Es mi deseo, en efecto, que el Jubileo sea experiencia viva de la cercanía del Padre, como si se quisiese tocar con la mano su ternura, para que se fortalezca la fe de cada creyente y, así, el testimonio sea cada vez más eficaz”.

El Año Santo es un tiempo propicio para experimentar esta cercanía de Dios confesando con humildad nuestros pecados y recibiendo con corazón agradecido el abrazo del perdón de Dios en el sacramento de la Confesión. Como en el caso del hijo pródigo, el Padre misericordioso nos espera, sale a nuestro encuentro y nos ofrece el abrazo gratuito del perdón amoroso mediante la Iglesia. Leer más

Comienza el Jubileo de la Misericordia. 6 de diciembre

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El papa Francisco nos ha convocado a celebrar un Año Santo Extraordinario, el Jubileo de la Misericordia. El mismo Papa lo abrirá para toda la Iglesia el próximo día 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, y concluirá el 20 de noviembre de 2016 con la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. Se abre el 8 de diciembre, porque ese día se cumplen cincuenta años de la clausura del Concilio Vaticano II; con el Jubileo se quiere dar un impulso para que la Iglesia continúe la obra de renovación, iniciada con el dicho Concilio. La Iglesia siente la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre y de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Leer más

Adviento: tiempo para la esperanza. 29 de noviembre

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Este domingo comienza el Adviento. Entramos así en el tiempo litúrgico que nos prepara para la fiesta de la Navidad, memoria del nacimiento en  nuestra carne de Jesús, el Hijo de Dios. Pero el mensaje espiritual de Adviento va más allá y nos proyecta hacia la vuelta gloriosa del Señor al final de nuestra historia. Esta doble perspectiva hace del Adviento el tiempo de la alegría y, sobre todo, de la esperanza.

Necesitamos avivar o reforzar la esperanza. Como nos dijo ya san Juan Pablo II, muchas personas están afectadas hoy por un oscurecimiento de la esperanza. Leer más

Cristo Rey, testigo de la verdad. 22 de noviembre

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En este último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Jesús mismo se declara Rey ante Pilatos en el interrogatorio a que le sometió cuando se lo entregaron con la acusación de que había usurpado el título de ‘rey de los Judíos’. “Tu lo dices, yo soy rey”. “Pero mi reino no es de este mundo”, añade. En efecto, el reino de Jesús nada tiene que ver con los reinos de este mundo. No tiene ejércitos ni pretende imponer su autoridad por la fuerza. Jesús no vino a dominar sobre pueblos ni territorios, sino a servir y entregar su vida para liberar a los hombres de la esclavitud del pecado y de la muerte, para reconciliarlos con Dios, consigo mismos, con los demás y con la creación entera. Leer más

Anunciar hoy a Jesucristo. 15 de noviembre

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Este curso nuestra Iglesia diocesana nos hemos propuesto anunciar la Palabra de Dios para ayudar a nacer a la fe y crecer en la fe. En este sentido es de vital importancia, como os decía en una carta anterior, incorporar en nuestra vida personal y en nuestra acción pastoral el primer anuncio: es decir el ‘Kerigma’, el anuncio de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado en la historia, muerto y resucitado para que en él tengamos Vida. Este primer anuncio es la base para el nacimiento a la fe y su crecimiento; tiene como fin llevar a la conversión y adhesión a Jesucristo, al encuentro personal y salvífico con Él en la comunidad de los creyentes. Leer más

Ayuda a tu iglesia diocesana. 8 de noviembre

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Este domingo, día 15, celebramos el Día de la Iglesia Diocesana. Con este motivo es bueno recordar antes de nada en lo que es la Iglesia diocesana. La Diócesis u Obispado son lo mismo que Iglesia diocesana. No son un territorio o un conjunto de estructuras o servicios pastorales o administrativos. Nuestra Diócesis o nuestra Iglesia diocesana de Segorbe-Castellón es la comunidad que formamos todos los fieles cristianos católicos que vivimos en el territorio diocesano: Obispo, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas y seglares. Es cierto que cada uno vivimos día a día nuestra fe y nuestra misión en nuestra parroquia, en otras comunidades eclesiales, movimientos o asociaciones; pero más allá de todas ellas, todos formamos parte de la Iglesia diocesana: las distintas parroquias, comunidades eclesiales, movimientos son como células de un gran cuerpo, de una gran familia -la Diócesis-, en cuya vida y misión han de estar insertadas si quieren seguir estando vivas y ser eclesiales.

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La santidad es posible. 1 de noviembre

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El Día de Todos los Santos nos habla de santidad. Los santos nos recuerdan que la fuerza del Espíritu Santo actúa por doquier; es una semilla capaz de arraigar en todas partes, que no necesita especiales condiciones de tiempo, de cultura o de clase social. Por eso esta fiesta es una fiesta de gozo: el Espíritu de Jesús ha dado, da y seguirá dando fruto, y lo hará en todas partes.

Todos esos hombres y mujeres anónimos, de todo tiempo y lugar, a quien recordamos en el Día de Todos los Santos tienen algo en común. Todos ellos “han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero”. Todos ellos han sido pobres de espíritu, hambrientos y sedientos de justicia, limpios de corazón y trabajadores de la paz. Son una multitud de hombres y mujeres ha llegado a la casa del Padre siguiendo a Cristo por el camino de las Bienaventuranzas. Leer más

El ciego Bartimeo. 24 de octubre

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El evangelio de este Domingo nos ofrece la escena de la curación del ciego Bartimeo. Jesús está de camino hacia Jerusalén, donde entregará su vida hasta la muerte en rescate por todos. Al salir de Jericó, acompañado por sus discípulos y bastante gente, encuentra a Bartimeo sentado al borde del camino pidiendo limosna. Bartimeo es un hombre en la sombra, un hombre solo, un ciego sin luz y sin camino, una persona en la periferia de la vida. La noticia del paso de Jesús hace renacer en él la esperanza y grita para atraer la aten­ción del Maestro, invocándole con el título mesiánico de “hijo de David”. De este modo profesa su fe en que el Mesías está presente y puede salvarle. Se confía totalmente a él, mendigando su misericordia: “!Ten compasión de mi¡”. Los reproches de muchos no sirven para hacerle callar: él sabe que si deja pasar esta ocasión única no le quedará otra cosa que quedar en la oscuridad para siempre. Leer más