Artículos relacionados

"El auténtico católico siempre cumple las normas" PDF Imprimir E-mail
Publicar en tu facebook
Justino García Díaz, taxista

e-justino-garciaG. FARRÉ. Castellón.
Justino García Díaz, (Madrid, 1962) viudo con un hijo de 18 años, ha sido probado por la vida. Se alejó de la Iglesia a los 14 años, y "el Buen Pastor lo recuperó" a través de las catequesis del Camino Neocatecumenal en los 90. Hace unos años, en su itinerario con Cristo se ha acercado espiritualmente al Cister. Y todas estas experiencias son las que comunica con pasión a todo el que sube a su taxi: un "confesionario" sobre ruedas.

- ¿Cómo es un taxista católico?
- Es como cualquier católico: alguien que se siente amado. Esa es una de las claves de la felicidad, porque cuando te sientes amado, puedes amar y ser feliz.
- ¿Cómo dar testimonio a través de una actividad cotidiana como el trabajo en el taxi?
- El rostro es el reflejo del alma, y cuando uno tiene el corazón contento, la cara tiene que estar alegre. Al taxi sube toda clase de gente, y cuando la alegría está en tu corazón, no se puede esconder. Como dice el Evangelio, no puedes esconder la luz bajo el celemín (Mc 4,21). Eso lo nota la gente que sólo va preocupada por el dinero y el éxito.
- ¿Surgen ocasiones de hablar de Dios en el taxi?
- Yo evangelizo en el taxi. Se puede evangelizar de cientos de maneras. Cuando ves dos ancianos que quieren subir, sales, les das los buenos días, les preguntas qué tal, les abres las puertas... ellos sonríen, y eso es dar testimonio. Amabilidad viene de amor: si eres amable ya estás dando testimonio de amor.
- Algún testimonio.
- Una vez llevé dos prostitutas en una carrera de 7 minutos. Y sólo subir al taxi ven la Virgen del Pilar que llevo colgada del retrovisor. Les pregunté si eran rumanas y ortodoxas. Me dijeron que sí. Les cité el Evangelio cuando dice que "las prostitutas os precederán en el reino de los cielos" (Mt 21,31). A ellas se les cambió la cara y empezaron a escucharme con mucha atención. Llegábamos al destino, y a las dos se les caían lágrimas. La gente busca a Dios sin saberlo.
- Y cuando no hay clientes, ¿cómo llena los tiempos muertos de espera?
- Tengo cinco libros en el coche: la Biblia, uno de historia, y otros tres sobre el inicio de los cistercienses. ¡Ah! y Camino de San José María Escrivá de Balaguer. También escribo.
- ¿Cómo debe conducir un católico?
- El auténtico católico es el mejor ciudadano de todas las sociedades, y el que siempre cumple las normas y la legalidad.