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Entrevista: "Sólo el Espíritu permite gustar la Biblia" PDF Imprimir E-mail
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Juan Miguel Díaz Rodelas, secretario del Comité Técnico de la Biblia de la CEE

G. FARRÉ. Valencia.
Juan Miguel Díaz Rodelas (Tenerife, 1950) ha sido el secretario del Comité Técnico que, bajo la presidencia de Domingo Muñoz León y junto a un equipo de 23 personas, ha realizado la versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (CEE) de la Biblia.
Han sido más de 10 años de trabajo -la andadura comenzó en 1996- que acaba de ver la luz.

 

- Con la presentación de la traducción de la Biblia de la CEE, se culminan más de 10 años de trabajo. ¿Qué siente uno al final de este largo recorrido?
- Satisfacción. Y alegría, primero, por haber llegado al final y, luego, por el camino recorrido, porque ese camino me ha permitido ahondar en la Palabra de Dios gracias la trabajo de los compañeros de la comisión
- ¿Cuáles son las principales características de esta versión?
- Primero, que parte de la traducción que se había hecho en los años 60 de los textos bíblicos que se proclaman en la liturgia. Eso crea un marco de referencia importante. Segundo, fidelidad a los textos originales. Y tercero, versión lo más correcta posible al castellano actual, pero teniendo muy en cuenta que la Biblia es la Biblia y que tiene un lenguaje propio al que también hay que adaptarse.
- ¿Es una Biblia para expertos, para la meditación espiritual, para leerla en familia, para el estudio...?
- Yo creo que tiene todos los ingredientes. Pero es sobretodo una Biblia para la lectura pública de los textos que se proclaman en la liturgia, y para la lectura individual y por grupos. Precisamente una de las razones que aconsejó no sólo revisar la edición de los años 60, sino también ampliarla a toda la Biblia, fue que los creyentes, personas individuales o grupos, tuvieran a mano la Biblia, es decir las lecturas que escuchaban en las celebraciones en su contexto con la misma traducción. Ese fue el gran objetivo por aquello que a través de la repetición y el reencuentro va entrando el texto en la memoria, y lo que se dice clásicamente: que de la memoria pasa al corazón, y del corazón a la vida. Es un proceso ideal, pero los primeros pasos son casi mecánicos.
- ¿Cuáles han sido las fuentes de la traducción?
- Fundamentalmente los textos originales, por tanto las ediciones críticas de la Biblia hebrea, de los 70 (biblia hebrea en griego), de los textos del NT y, además, como referencia importante la Nova Vulgata, que es la versión oficial de la Biblia al latín para la Iglesia católica.
- ¿Con qué dificultades mayores se han encontrado al hacer esta versión?
- Ha habido dos dificultades. Una es inherente a la versión de una Biblia católica y es que en algunos textos eclesiásticos, como Jeremías, no hay una coincidencia entre las versiones o ediciones al uso y la Nova Vulgata. Se ha optado en esta edición por dejar las referencias a la Nova Vulgata en las notas, y poner en el texto lo que normalmente se admite como texto "receptos" o recibidos. La otra dificultad ha sido la de comunicación entre los colaboradores por la distancia, pero eso se ha superado gracias a los medios técnicos que han facilitado enviar los textos y las correcciones.
- ¿Qué decisiones importantes se han tenido que tomar?
- Una, ha sido recuperar algunos términos del lenguaje religioso habitual, que en la traducción de los años 60 se habían relegado por distintas razones pero que a nosotros nos parecía que era privar a la Biblia, y por tanto al creyente que lee la Biblia, de elementos fundamentales de su formación cristiana, que se concreta en los términos y va más allá. Por ejemplo evitar en el himno de la carta a los Filipenses la expresión según la cual Cristo "se humilló haciéndose obediente", es dejar casi sin fundamento la referencia cristológica de la humildad y la obediencia como virtud cristiana.
- ¿Qué aporta esta versión al pueblo cristiano?
- Lo que llevó a ofrecer una Biblia que contuviera los textos litúrgicos es que el creyente pueda tener en su contexto, que es la Biblia y no sólo en los misales o leccionarios, los textos sagrados que se proclaman en la liturgia para poder ampliar la lectura leyendo un poco más y ver cómo alguna cosa que resulta chocante adquiere sentido desde lo que sigue o lo anterior.
- ¿Ha habido contactos o consultas con otras confesiones cristianas, como es el caso de las traducciones inter-confesionales?
- Se ha tenido en cuenta el interés ecuménico. Lo mismo que se ha procurado tener en cuenta la problemática teológica, típicamente exegética, de algunos términos y textos, también se ha tenido en cuenta la preocupación y el interés por el encuentro con los hermanos de otras confesiones cristianas. Se ha expresado en la traducción algunas veces, pero también en las notas.
- ¿Está previsto traducirla a otras lenguas oficiales de España?
- Cada lengua tiene su propia dinámica, sobretodo las que nos son latinas como el euskera, y traducir de traducciones no parece que sea lo mejor. Hemos tenido en cuenta traducciones alemanas, francesas, italianas; incluso hemos echado una ojeada a una polaca; y evidentemente a las valencianas, catalana y gallega para solucionar algún problema concreto. Incluso se ha mirado la Biblia Reina Valera protestante. Pero no hemos partido de ellas para traducir, se ha partido de os originales. Del mismo modo, tal vez esas comunidades hagan su propio trabajo a partir de los leccionarios que ya están traducidos.
- ¿Y la Biblia en otros formatos de papel y digital?
- Saldrá una edición popular, que ya está cociéndose. También en formato digital. Hoy no se puede prescindir de una Biblia que se pueda tener en la mano y una informática. Sólo que, a esta primera edición, se le quería dar prestancia por lo que es la Biblia y porque es la primera traducción que la CEE asume como propia.
- Se ha dicho que el Espíritu Santo es el gran desconocido de los cristianos. ¿Pasa lo mismo con la Biblia?
- Yo creo que hay que distinguir los tiempos. En el mundo católico no era habitual el encuentro con la Biblia, y varios factores en el siglo pasado, como el Movimiento Bíblico, las enseñanzas del magisterio, el trabajo de algunas instituciones académicas -como la Pontificia Comisión Bíblica, la Escuela Arqueológica de Jerusalén- y el Concilio Vaticano II, han impulsado la difusión de la lectura de la Palabra de Dios entre todos los fieles, y la animación de la catequesis, de la predicación y de la teología, desde la Palabra de Dios escrita. El Concilio dice una frase muy clásica: la Sagrada Escritura debe ser el alma de la teología, y también de la catequesis, de la predicación... En eso, gracias a Dios, se ha caminado mucho e incluso se hacen muchos cursillos. Pero en general, al creyente de a pie le cuesta coger la Biblia y leerla.
- ¿Por qué es necesario un contacto regular con la Palabra de Dios?
- Porque es el lugar principal, y es el Concilio quien lo dice, en el que Dios sale al encuentro de sus hijos y les habla. Dios Padre. La Palabra de Dios ha sido inspirado por el Espíritu Santo y eso es lo que Dios nos dice. Por eso, siguiendo los padres de la Iglesia, se suele decir que cuando hacemos oración con la Palabra, la oración es más fácil porque la escucha de Dios se nos ofrece en la Palabra y espontáneamente respondemos a Dios de acuerdo con la Palabra.
- ¿Cuál es el mensaje principal de la reciente exhortación del Papa sobre la Palabra de Dios, Verbum Domini?
- Pienso que el Papa se inserta en este deseo de la Iglesia, del magisterio y de instituciones académicas de que la Palabra de Dios se difunda. Tal vez algo que el Papa añadió es la dimensión evangelizadora de la Palabra de Dios. Por eso, frente a un capítulo del Concilio Vaticano II que hablaba de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia, el Sínodo y la exhortación la ha titulado la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. Y después, desde los primeros materiales para el Sínodo, se descubren dos preocupaciones del Papa. La primera, aclarar que la Palabra de Dios no se reduce a la Palabra de Dios escrita. La Escrita es la Sagrada Escritura, pero la Palabra de Dios es la revelación transmitida en la Iglesia, y hasta la creación también es Palabra de Dios.
- ¿Y la segunda?
- Es el problema de la interpretación de la Escritura. El Concilio habló en la Constitución sobre la Divina Revelación sobre la necesidad de interpretar la Escritura, pero distinguía dos principios de interpretación: uno de carácter científico y otro de carácter teológico. El Papa ya había dicho, y lo repitió en el Sínodo, que en el mundo católico -y fuera de él quizás bastante más- ha habido como una especie de desequilibrio: se había avanzado mucho en la aplicación de los métodos científicos y se había cultivado menos la dimensión teológica. Eso no quiere decir que sean dos mundos a parte, sino que el estudio científico debe estar al servicio del objetivo principal de la interpretación, que es descubrir el mensaje de Dios en la palabra escrita.
- ¿Por qué cuesta entrar en el mundo de la Biblia?
- A mi me parece que la razón es porque se le tiene miedo a la letra; Es un texto antiguo, a veces difícil, y no se tiene confianza en el Espíritu que inspiró la Biblia y que además impulsa su proclamación, lectura y meditación en la Iglesia en general y en cada creyente.
- ¿Cómo se explican las contradicciones?
- Pienso que la explicación fundamental es la pertenencia de los libros a momentos distintos de la revelación, y por tanto de la humanidad y del pueblo de Dios. Los autores antiguos y modernos hablan que al revelarse, es decir, en ese movimiento por el cual Dios quiere revelarnos su verdad y su vida, ha seguido una pedagogía, se ha adaptado al momento de la humanidad y de su pueblo; incluso desde un punto de vista humano se ha adaptado demasiado. Pero el Catecismo de la Iglesia llama a esto la condescendencia o la actitud benevolente de Dios con nosotros.
- ¿Y la solución?
- Está en un principio de interpretación muy importante: la unidad de la Escritura la da Cristo, la Palabra hecha carne. Hay que leer toda la Escritura desde Cristo.
- ¿Es el mismo Dios el Señor de los Ejércitos y el Padre de Jesús de Nazaret?
- Es el mismo. Este es uno de los casos en los cuales se revela la necesidad de aplicar ese principio hermenéutico del que acabamos de hablar. Es decir, la lectura de la imagen del Dios de los Ejércitos con lo que eso supone, ha de hacerse desde el Dios de nuestro señor Jesucristo, que no es distinto sino que se ha revelado plenamente como Padre en Jesucristo. Y por cierto, en la traducción que hemos hecho se traduce por Dios del Universo, como en el santo de la Misa, porque la palabra que está detrás de los ejércitos -que son los celestiales-, está la palabra sabaot, que lleva consigo la idea de globalidad. Por eso, siguiendo la traducción hecha del Santo en la liturgia, la Biblia traduce "Dios del universo".
- De un método para comenzar a leer la Biblia.
- Empezar por los evangelios. Aprovecharse de las introducciones que se ofrecen y de las notas. Y luego una estrategia lentitud, calma y paciencia. Ir despacio y paciencia. Y añadiría: no olvidarse nunca de pedir al Espíritu antes de empezar para que guíe la lectura. Eso es algo que los cristianos orientales pusieron sobre la mesa en el Concilio Vaticano II al discutir sobre la interpretación, y es fundamental no olvidarlo. Si no se lee en el Espíritu, me parece a mi que no es posible gustar la Biblia.
- Su libro preferido de la Biblia.
- El evangelio de San Juan. Cada vez lo he ido apreciando más. Pero como soy estudioso de San Pablo, también la carta a los Gálatas, que sigue impresionándome como biblista y como cristiano.
- La frase más importante de la Biblia.
- Dios es amor. (I Jn 4,8)