Artículos relacionados

Día de la Iglesia Diocesana PDF Imprimir E-mail
Publicar en tu facebook

La Iglesia en Campaña
REDACCIÓN.
Como cada año, el domingo que viene celebramos el día de la Iglesia Diocesana. Este año tenemos motivos para hacer una reflexión especial sobre la situación de nuestras comunidades cristianas y sobre lo que cada uno de nosotros hacemos o podemos hacer en nuestra comunidad concreta. Estar bautizados nos permite y nos obliga a sentirnos responsables de la vida de nuestra Iglesia. Como dice el apóstol Pablo: “Saber dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza”.

Es preocupante que, según un estudio realizado recientemente, exista un desconocimiento generalizado de la actividad de la Iglesia, de sus necesidades económicas y del cambio producido en el sistema de financiación. Hacemos cosas, sí, y muchas más podríamos hacer por la fuerza del Evangelio. Pero también es verdad que no sabemos “vender”, es decir, dar a conocer nuestro trabajo.

Es este Día de la Iglesia Diocesana podemos y debemos preguntarnos ¿cómo continuar haciendo presente a la Iglesia en la sociedad?, ¿cómo mantener la actividad de tantos hombres y mujeres que trabajan en nombre de su fe, y por tanto de la Iglesia? Dicho más claramente, ¿cómo se va a mantener económicamente la Iglesia si a partir de ahora el Estado no le entrega absolutamente nada?

Para católicos y allegados
A partir de ahora, el sostenimiento de la Iglesia dependerá única y exclusivamente de los católicos y de quienes valoren la labor que desarrolla. Todo va a depender de nosotros. A partir de este momento las únicas fuentes de financiación de la Iglesia serán las aportaciones y donaciones que realicen los fieles y el 0,7% de la cuota íntegra de los contribuyentes que marquen en su declaración del IRPF la casilla correspondiente.

Esta nueva situación tiene sus ventajas pero también implica un mayor grado de responsabilidad. Es el momento de participar más activamente en el día a día de nuestra Iglesia. ¿Cómo? No sólo apoyando la labor y las actividades de cada parroquia, diócesis, etc. sino también demostrando nuestra corresponsabilidad, por ejemplo con suscripciones periódicas.

Según los datos de la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas correspondiente al mes de julio pasado, el 79% de los españoles nos declaramos católicos. Somos muchos. Este es un buen momento para demostrarlo.

Por último, el sostenimiento de la Iglesia debe ser para todos nosotros el resultado del agradecimiento al Señor por lo que , gratuitamente, hemos recibido de Él. La palabra “limosna”, tan desprestigiada, lleva consigo este significado: la forma de agradecer a Dios los favores recibidos con la propia vida. Desde los comienzos de la Iglesia las limosnas de los fieles han servido para mantener a las personas e instituciones con medios suficientes, pues la presencia de la Iglesia es garantía de que los pobres sean atendidos siempre. Más aún, la Iglesia ofrecerá siempre s todos algo que necesitamos todavía más que el dinero: ser tratados con cariño, ser reconocidos como personas en cualquier circunstancia, en la vida y en la muerte; porque la Iglesia nos ofrece el amor de Dios.