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Mossèn Pedro Enrique Planelles PDF Imprimir E-mail
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Hijo de Burriana y Profesor del Seminario
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J. Doménech Besalduch. Delegación Diocesana Causas Santos


Es uno de los sacerdotes mártires mas valiosos y primo hermano del Cardenal Vicente Enrique Tarancón. Nació en Burriana el 18 de marzo de 1903 en la calle de la Purisima,14. Su padre se llamaba Vicente Enrique Urios y su madre Dolores Planelles Martínez. Estuvo de niño en el Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Benicarló y luego, decidido a ser sacerdote, entró en el Seminario de Tortosa. Es posible que influyese en esta decisión Mossén Juan Bautista Enrique Urios, hermano de su padre, mártir a su vez en la parroquia de Corbera (Valencia) en 1936.

Como su talento era notable, a los 19 años fue enviado a la Universidad Gregoriana de Roma, donde se graduó como Doctor en Filosofía y en Teología. El día de san José de 1928 fue ordenado sacerdote en la ciudad eterna por el Cardenal Merry del Val. Al regresar de Roma, después de doctorarse en la Universidad Gregoriana, suplió al cura del Grao de Castellón un par de meses hasta que éste se repuso de una enfermedad. El obispo le nombró enseguida Párroco de Cervera del Maestre. Pasó luego con el mismo cargo a Sant Mateu y Almassora, hasta que lo nombraron profesor el Seminario de Tortosa, donde formó equipo con el beato Recaredo Centelles. También tuvo el cargo de Consiliario Diocesano de los Hombres de Acción Católica.
Al estallar la persecución religiosa estaba practicando el Mes de Ejercicios de San Ignacio en Barcelona y los tuvo que interrumpir y dispersarse. Se hospedó en una fonda y luego en la clínica de un médico amigo, que le hizo vestirse con una bata blanca para pasar por enfermero en caso de ser buscado. Como su conciencia no le permitía esta simulación, peligrosa para los enfermos, se hospedó en varias pensiones, hasta que decidió irse a Burriana, a la casa familiar.

“A mi no me matáis, me dais la vida”
Desde la estación fue a una alquería de su madre de leche y luego a su casa. Como allí estaban refugiadas las monjas de la Consolación, que habían llevado los objetos de culto, pudo celebrar la misa y guardar el Santísimo todos los días, bautizó a su sobrino nacido en agosto y otros niños. También confesaba discretamente a quienes se lo pedían. A finales de agosto comenzaron los asesinatos en Burriana. No tenia miedo a morir; sólo temía que alguien muriese por su culpa. El día 31 de agosto se presentaron a buscarle muchos hombres armados, “como si fuesen a asaltar un regimiento”, declara su hermana. Aunque el padre se ofreció le contestaron que sólo querían al sacerdote. Se lo llevaron.
A dos kilómetros de Villarreal lo fusilaron en la carretera que viene desde Burriana. Los que estaban en una alquería vecina oyeron que decía a sus asesinos: “A mí no me matáis, me dais la vida. Sois vosotros los que os estáis destruyendo”. Los que recogieron su cadáver lo llevaron al cementerio de Villarrreal. El 4 de diciembre de 1938 se trasladaron a la Parroquia del Salvador de Burriana, donde con los otros sacerdotes que sufrieron el martirio esperan la glorificación de la Iglesia.