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San Félix de Cantalicio de los Capuchinos de Castellón PDF Imprimir E-mail
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np-san-flix.jpgJ.M. FRANCES. Delegación Diocesana de Patrimonio
Uno de los santos más queridos y venerados en la Ciudad de Castellón, junto con San Nicolás, San Blas, San Roque o San Cristóbal es precisamente San Félix de Cantalicio. Es el patrono secular del arrabal que lleva su nombre. Un barrio labrador, que nació espontáneamente en el siglo XVIII, arropando el convento fundado por los Padres Capuchinos en 1608, hace ahora cuatrocientos años. Cuando en 1712 se canonizó a San Félix, el primer fraile capuchino elevado a los altares, los labradores adoptaron rápidamente por patrono aquel sencillo religioso, que queriendo identificarse con Jesucristo al seguir las huellas de Francisco de Asís, mereció el premio de los bienaventurados. Es curioso que no se guarde ninguna imagen del santo en la Parroquia de la Sagrada Familia, regentada por los Padres Capuchinos. Pero es admirable que casi trescientos años después las gentes del “raval” continúen celebrando su fiesta, no el 18 de mayo, día del santo en el calendario romano, sino el segundo domingo de Octubre, cuando los labradores habían finalizado sus labores agrícolas y podían juntarse para rezar, comer y gozar juntos. “Sant Felix de Cantalicio,/ lliura-nos de tot el mal,/ que mos deixe menjar primes/ en les festes del Raval”. “Les primes” son la pasta más genuina, consumida abundantemente en “els porrats” de la fiesta.
El santo de las calles de Roma
Felix nació en Cantalice, en Italia, en 1515. Fue hermano lego capuchino, encargado de recoger en varios conventos alimentos y limosna. Este pesado y penoso oficio puso a fray “Felice” en contacto cotidiano con el pueblo. Por espacio de cuarenta años el santo recorrió las calles romanas, fija la mirada en el suelo y respondiendo a cada limosna con una expresión que se hizo popular:” Deo gracias.” Cuando ya era viejo y el cardenal Santori le ofreció la posibilidad de librarlo de éste peso, le respondió:”Monseñor, mis superiores saben aquello que me conviene. Y yo digo: el soldado, con el arma al cuello y el asno, bajo la carga”. Murió en 1587. Su sepulcro en Roma es veneradísimo.
Si la imagen del santo se guarda en la casa de los Clavarios, la Parroquia tiene la suerte de conservar en la capilla de la Comunión, -¡hundida una noche del segundo domingo de Octubre, horas después de la Misa Solemne de San Félix¡- una deliciosa pintura del siglo XVIII, donde la Virgen María deposita tiernamente entre los brazos del santo al Niño Jesús. Así lo cuenta la tradición. De esta manera se representa habitualmente al santo, y de este modo lo cantan los Gozos: “Muy cerca de Navidad/ un día todo elevado/ Maria a su hijo amado/ os dio con gran caridad. / Y Vos lo tenéis en brazos/ con un gozo sin igual/. San Félix de Cantalicio/ líbranos de todo mal”.
La pintura, de autor anónimo, representa idéntico tema al pintado en 1625 por el italiano Alejandro Tuchi con motivo de su beatificación, para ser colocada sobre la tumba del Santo en la iglesia de la Inmaculada de los Padres Capuchinos, al inicio de la famosa Vía Veneto de Roma. Esta misma iconografía la repitió Murillo para su gran obra del Convento de Capuchinos de Sevilla, actualmente en el Museo de Bellas Artes de la capital hispalense.