Dios llama. A cada persona. Irremediablemente.

Toca en la puerta de cada corazón humano con una petición en los labios: la de seguirle.

El ser humano con su libertad puede prestar los oídos de su alma a esta invitación. Es entonces cuando la propia historia empieza a convertirse, en manos de Dios, en historia de salvación.

El refranerosentencia que “Todos los caminos llevan a Roma”. Pasa lo mismo con la vocación y Dios. El Señor invita a cada persona a llegar a él a través de un determinado camino, que solo él conoce y que muchas veces es sorprendente e inesperado. Son las diversas “vocaciones” que conoce nuestro espíritu. Pero todas son camino hacia Dios.

– La vocación matrimonial: la llamada a llegar a Dios a través del rostro humano de un hombre o una mujer en una alianza querida y bendecida por Dios.

– La vocación a la vida consagrada: la llamada a consagrar toda la existencia (trabajo, afectividad, tiempo, etc) a Dios sin la mediación de un rostro humano.

– La vocación sacerdotal: Jesucristo llama a determinados hombres a ser “otro Jesús” en medio de sus hermanos. Ellos renuevan la entrega total de Cristo y ofrecen la Palabra de salvación a los hombres de su tiempo.

– La consagración en medio del mundo: la llamada a vivir la entrega total a Dios (celibato), sin el compromiso matrimonial, pero sin abandonar las realidades de la vida ordinaria.